domingo, 26 de abril de 2015


REFLEXIONES A RAIZ DE LA MUERTE DE UN OTRO-UNO

La vida solo puede ser pensada humanamente porque, humano es el conocimiento. No podemos concebir otro conocimiento que no sea humano, pues no sabríamos de él. Si la vida solo puede ser pensada humanamente, la construcción del concepto que tenemos de ella, está teñida de nuestra experiencia, es decir, de nuestro ser. Es por ello que el concepto de vida que se tiene no se mantendrá invariable a lo largo de toda la existencia sino que variara conforme  las experiencias que refuten o refuercen nuestras ideas.

Son los puntos álgidos, puntos limites, lo que nos hacen concebir la existencia de otra manera, modifican nuestra percepción. La rutina tiene un efecto adormecedor, pero son las experiencias absolutas, las que nos  interrogan por la validez de la “razón” que fue la base de la costumbre.  Y esto sucede fundamentalmente por lo que llamamos el afecto o la emoción, y sin llegar a ser deterministas nos podemos atrever a conjeturar que esto tiene que ver mucho con el instinto de supervivencia.

Resulta que una de estas experiencias que podemos llamar absolutas, porque pasan de una vez por todas, es la muerte. Pero no la muerte de Uno , sino la muerte del Otro.  Es una verdad que la muerte de Uno es imposible de conocer primitivamente; pero es posible sentirla. Un filósofo francés dijo que el tu es un yo que no es yo, de la misma manera podemos decir que el Uno se construye de Otros; o de otra manera,  la división Otro- Uno es totalmente arbitraria sin llegar a constituir un despropósito pues en verdad percibimos un Uno diferente al Otro, pero dentro de esa división puede existir  otra como de la que hablaré: Uno- otro –- Otro.

Efectivamente si el Uno se construye de Otros, los otros cercanos o que llegaron a construirme directamente o llegando yo a ser consciente de esa influencia, no pueden llegar a ser otra cosa que parte de Mi. Ya algún pensador menciono que la persona no es más que el punto de intersección de todas las relaciones humanas que se tuvo y  se tiene en la vida.  Definido esto, sí se puede llegar a experimentar la muerte, pero no de manera primitiva como  se puntualizó más abajo, sino de forma existencial.

La experiencia absoluta de la muerte del otro es la experiencia relativa de la muerte del Uno.

Al morir un otro muere una parte del Uno, pero sería más correcto decir que muere la manera en que percibíamos la forma en la  que el otro formaba parte del Uno. Sin lugar a dudas la percepción del otro llega a ser en la relación diaria, en el careo, el encuentro físico. Solo y exclusivamente  cuando  el careo deja de ser posible, nuestra percepción del otro que ya no es pero que paradójicamente llego a Ser Absolutamente pues su desarrollo se detuvo, se modifica radicalmente.

Cuando muere un otro sentimos dolor, desgarramiento. ¡El otro ha desaparecido, ha dejado de existir! Sí, dejo de existir, pero en la medida en que la reproducción del encuentro ya no se dará. Es ahí cuando la percepción  que teníamos de ese otro que formaba parte del Uno, deja de ser concebida como una relación privilegiada y exclusiva para convertirse en una relación compartida. Es claro que el Otro también fue un Uno.  No solo hubo una muerte sino muchas. El dolor se vuelve culpa y como consecuencias la concepción de la vida cambia totalmente.

La culpa real, que está constituida por las cosas que se hicieron o se dejaron de hacer y devinieron en la muerte del otro, se subsume en la culpa existencial, que es el dolor que siento en el Otro que llego a ser parte del otro. Es por ello que ambas culpas nos remiten a una misma conclusión HIC ET NUNC.

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