REFLEXIONES A RAIZ DE LA MUERTE DE UN OTRO-UNO
La vida solo puede ser pensada humanamente porque, humano es el
conocimiento. No podemos concebir otro conocimiento que no sea humano, pues no sabríamos
de él. Si la vida solo puede ser pensada humanamente, la construcción del
concepto que tenemos de ella, está teñida de nuestra experiencia, es decir, de
nuestro ser. Es por ello que el concepto de vida que se tiene no se mantendrá invariable
a lo largo de toda la existencia sino que variara conforme las experiencias que refuten o refuercen
nuestras ideas.
Son los puntos álgidos, puntos limites, lo que nos hacen concebir la
existencia de otra manera, modifican nuestra percepción. La rutina tiene un
efecto adormecedor, pero son las experiencias absolutas, las que nos interrogan por la validez de la “razón” que fue
la base de la costumbre. Y esto sucede
fundamentalmente por lo que llamamos el afecto o la emoción, y sin llegar a ser
deterministas nos podemos atrever a conjeturar que esto tiene que ver mucho con
el instinto de supervivencia.
Resulta que una de estas experiencias que podemos llamar absolutas, porque
pasan de una vez por todas, es la muerte. Pero no la muerte de Uno , sino la muerte
del Otro. Es una verdad que la muerte de
Uno es imposible de conocer primitivamente; pero es posible sentirla. Un filósofo
francés dijo que el tu es un yo que no es yo, de la misma manera podemos decir
que el Uno se construye de Otros; o de otra manera, la división Otro- Uno es totalmente arbitraria
sin llegar a constituir un despropósito pues en verdad percibimos un Uno diferente
al Otro, pero dentro de esa división puede existir otra como de la que hablaré: Uno- otro –- Otro.
Efectivamente si el Uno se construye de Otros, los otros cercanos o que
llegaron a construirme directamente o llegando yo a ser consciente de esa
influencia, no pueden llegar a ser otra cosa que parte de Mi. Ya algún pensador
menciono que la persona no es más que el punto de intersección de todas las
relaciones humanas que se tuvo y se
tiene en la vida. Definido esto, sí se
puede llegar a experimentar la muerte, pero no de manera primitiva como se puntualizó más abajo, sino de forma
existencial.
La experiencia absoluta de la muerte del otro es la experiencia relativa
de la muerte del Uno.
Al morir un otro muere una parte del Uno, pero sería más correcto decir
que muere la manera en que percibíamos la forma en la que el otro formaba parte del Uno. Sin lugar a
dudas la percepción del otro llega a ser en la relación diaria, en el careo, el
encuentro físico. Solo y exclusivamente cuando
el careo deja de ser posible, nuestra percepción
del otro que ya no es pero que paradójicamente llego a Ser Absolutamente pues
su desarrollo se detuvo, se modifica radicalmente.
Cuando muere un otro sentimos dolor, desgarramiento. ¡El otro ha
desaparecido, ha dejado de existir! Sí, dejo de existir, pero en la medida en
que la reproducción del encuentro ya no se dará. Es ahí cuando la percepción que teníamos de ese otro que formaba parte del
Uno, deja de ser concebida como una relación privilegiada y exclusiva para convertirse
en una relación compartida. Es claro que el Otro también fue un Uno. No solo hubo una muerte sino muchas. El dolor
se vuelve culpa y como consecuencias la concepción de la vida cambia
totalmente.
La culpa real, que está constituida por las cosas que se hicieron o se
dejaron de hacer y devinieron en la muerte del otro, se subsume en la culpa
existencial, que es el dolor que siento en el Otro que llego a ser parte del
otro. Es por ello que ambas culpas nos remiten a una misma conclusión HIC ET
NUNC.